Cuando quienes han sostenido la atención a las adicciones quedan fuera del reconocimiento y los recursos.
Hablar de adicciones en México es hablar de ausencias:
Ausencia de políticas suficientes, de presupuesto público, de infraestructura estatal y nacional. Pero también es hablar de una presencia constante y silenciosa: la de miles de consejeros y centros de tratamiento que, con recursos propios, han sostenido durante décadas una tarea que el Estado no ha logrado cubrir.
Mientras otros diseñan diagnósticos, manuales y teorías, nosotros; los consejeros en adicciones (y nuestros padrinos antes de nosotros), pusimos el pecho a las balas.
Mientras otros discutían modelos en escritorios y foros; nosotros abrimos puertas, contuvimos crisis, evitamos muertes y acompañamos procesos reales.
Y, sin embargo, cuando la conversación sube al plano internacional, no somos nosotros quienes nos sentamos a la mesa. Los consejeros en adicciones se quedan fuera.

Los de siempre: reconocimiento y fondos para quienes no pisan el territorio.
Existe una verdad incómoda que como gremio ya no podemos seguir callando. En los espacios internacionales —donde se decide el rumbo de la cooperación, los fondos y el reconocimiento— no suelen estar los consejeros que sostienen el trabajo de campo.
Ahí aparecen otros perfiles: mejor financiados, mejor posicionados, con mayor cercanía a organismos multilaterales… pero muchas veces lejos de la realidad cotidiana de los centros de tratamiento. No es una acusación personal.
Es una dinámica estructural.
Los recursos internacionales no se asignan solo por impacto real, sino por:
- Lenguaje técnico
- Credenciales homologables
- Certificaciones reconocidas
- Capacidad de “traducir” la realidad local al idioma internacional
Y ahí es donde históricamente nos han visto de arriba hacia abajo; como operadores, como ejecutores, como “los que hacen el trabajo en campo, de las ideas que salen de sus escritorios”, pero no como interlocutores legítimos, mucho menos como colegas en la lucha contra las adicciones.
El problema no es la vocación: es la falta de legitimación internacional.
Seamos claros: la vocación nunca ha sido el problema. El problema es que, mientras nosotros sosteníamos centros sin subsidios, sin apoyos y sin reflectores, otros aprendieron a moverse en el tablero internacional. Aprendieron a obtener fondos, a representar causas, a hablar en nombre de realidades que no siempre viven.
Y así se construyó una brecha injusta:
- El trabajo está en el territorio.
- El reconocimiento y los recursos, en los escritorios.
Esa brecha no se cierra con discursos, se cierra con estrategia.
Por qué CONACON decidió dar el paso.
Desde CONACON, entendimos algo fundamental: si no entramos al diálogo internacional con las reglas claras, otros seguirán hablando por nosotros. Por eso, como presidente del colegio, he impulsado un proceso serio y responsable de alineación institucional con estándares internacionales promovidos por organismos como la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
No se trata de colgarse siglas, se trata de preparar el terreno para que, cuando se abran esas puertas, no nos vuelvan a dejar fuera.
En el ámbito internacional, el reconocimiento también trae recursos.
Hay que decirlo sin miedo: en el plano internacional, el reconocimiento no es solo simbólico.
Va acompañado de:
- Fondos de cooperación
- Proyectos de impacto
- Financiamiento para programas
- Sostenibilidad institucional
Cuando los consejeros no cuentan con perfiles homologables, quedan automáticamente fuera de esos procesos. No porque no sepan trabajar, sino porque no cumplen con los criterios formales que exige ese sistema.
Eso es injusto. Pero también es una realidad.
La certificación internacional como acto de dignidad gremial.
Aquí es donde algunos se incomodan. La certificación internacional no es un capricho académico ni una moda. Es una herramienta política y profesional para que el trabajo que ya hacemos tenga voz, peso y acceso.
No cambia lo que somos, nos permite defenderlo.
Certificarse internacionalmente significa:
- Que nadie vuelva a tratarnos como simples ejecutores.
- Que nadie hable por nosotros ¡sin nosotros!
- Que los fondos no se queden “con los de siempre”.
- Que la experiencia mexicana tenga peso real en espacios globales.
No se trata de criticar a todos, sino de respaldar a quienes ¡sí hacen bien las cosas!
Este no es un ataque indiscriminado. Hay malas prácticas que son indefendibles, sí, pero este movimiento no nace desde la queja, sino desde la responsabilidad. Mi enfoque como presidente no es destruir, es respaldar a quienes han hecho bien su trabajo, muchas veces en condiciones adversas.
A ellos les digo con claridad:
Estamos a unos pasos de legitimar internacionalmente una vocación que ya existe y que ha sostenido a este país. (Ver artículo sobre consejería internacional)

El mensaje es claro: nadie nos va a regalar el lugar.
El reconocimiento internacional no se pide, se construye. Y los fondos no llegan por buena voluntad, llegan cuando hay estructura, lenguaje común y perfiles sólidos.
Por eso el llamado es directo:
Si eres consejero, si has sostenido procesos reales, si has puesto el pecho cuando no había respaldo, este es el momento de dar el siguiente paso. No para parecer, sino para ocupar el lugar que nos corresponde.
Acércate al Colegio. El camino ya está trazado.
Desde CONACON estamos abriendo esta ruta con seriedad y visión de futuro. proceso de alineación internacional exige consejeros preparados, con CV que puedan leerse en cualquier mesa.
No podemos seguir dejando que otros capitalicen el trabajo que nosotros hacemos.
La vocación ya la tenemos.
Ahora toca legitimarla.
Si eres consejero y has sostenido procesos reales de atención a las adicciones,
este es el momento de dar el siguiente paso.
En CONACON estamos acompañando a los consejeros que desean legitimar su vocación a nivel internacional, fortalecer su perfil profesional y formar parte de este proceso histórico.
Escríbenos por WhatsApp y conoce cómo hacerlo.
Atte.
Mtro. Arturo Conde Pérez.
Presidente del Colegio Nacional de Consejeros
en Prevención de Conductas Antisociales.






Maria Dolores Adriana Bautista Muñoz
Me gusta aprender para poder ayudar a otras personas que pasan por la misma situación que yo pase.